El arte latinoamericano es tan rico como insustituible, plagado de una historia poco menos que deslumbrante pero también desconocida para muchos de nosotros, como es el caso de Agustín Abarca el genial artista chileno nacido en Talca el 27 de diciembre de 1882. Descubrirá la pintura tempranamente gracias a un encuentro casual con el pintor Pablo Burchard hacia 1900 que fuera profesor de generaciones de artistas en La Academia de Bellas Artes. Mas tarde seguirá formándose junto al maestro Pedro Lira uno de los grandes artistas chilenos, que ocupara el centro de le escena entre 1880 y 1910.
Posteriormente Agustín Abarca seguirá perfeccionándose junto al pintor Alberto Valenzuela Llanos, quizá uno de los paisajistas más importantes del país vecino.
En 1909 seguirá estudios en La Academia Oficial del maestro español Fernando Álvarez de Sotomayor donde depurara su técnica hasta el extremo de la perfección.
Son innumerables sus exposiciones a lo largo de su carrera, que abarca desde 1908 hasta 1953, y sus exposiciones póstumas que siguen aun en la actualidad.
Abarca es parte de lo que se conoce en Chile como La Generación del Trece. Artistas que intentaban ir hacia lo profundo de sus propias raíces, siempre lógicamente desde la libertad personal, desde un concepto tan íntimo como revelador, por eso esos paisajes deslumbrantes de la región de la Araucanía, Maule, Constitución, Victoria entre otras.
Es hacia 1916 cuando alcanza la cima como creador ya que se imbuido por la naturaleza y su capacidad de captarla en estado puro, fueron muchos años donde su talento se desborda como nunca antes y en el cual comienza a brillar definitivamente como artista.
Su 2da etapa se iniciara hacia 1927 donde plasmara los alrededores de Santiago, La Quinta Región y con una mirada especial sobre Peñalolén.
En 1940 por concurso se quedara con la cátedra de Dibujo y Pintura en la Escuela de Bellas Artes de Viña del Mar, desempeñándose en el cargo solo por un año. De ahí en más se dedicara en tiempo completo al arte en su taller.
Todas las técnicas pasaran por sus creaciones Carbón, Pastel, Óleo, Acuarelas, Dibujos, Aguadas. El artista nada dejara de representar, pasando por figuras humanas, naturalezas muertas y paisajes increíbles.
Sus obras recorrerán parte del mundo EEUU, Alemania, Francia, y en Latinoamérica, Argentina, y Bolivia entre otras.
Su arte trasciende y se fortalece a partir de una visión completamente regionalista, quizá ese costal un tanto evocador como intimista, a veces que puede inclusive optar por el hallazgo del detalle absoluto. Es un colorista que no le teme a los caprichos de lo que aprecia en sus búsquedas, juega con los ocres, vivenciando atisbos de sombras y mullidos amarillos que se aferran a las cosas como viejos recuerdos atemporales.
Hasta antes de morir el 28 de Mayo de 1953 lo había logrado casi todo en su carrera artística, todos los premios, todos los reconocimientos y lo que pocos artistas pueden alcanzar quedarse en la vivencia cotidiana de su gente, como un pequeño escozor del lado del corazón.
Sencillo, tan modesto como talentoso supo declarar por décadas a través de su trabajo un modo y una manera de ver la vida. Antes que bohemio como toda la Generación del 13 prefería quedarse con su familia, y compartir lo más de esos instantes únicos y singulares que terminaban por darle fuerza para continuar con su extenuante trabajo. Era uno de esos hombres que no concebía la vida sin tener lo que amaba cerca, sin decir ni pensar siquiera ningún tipo de extrañeza hacia lo que le dictaba el espíritu.
Nosotros queríamos hablar de este gran artista chileno en una suerte de evocación por la grandeza de sus hombres de cultura. País donde tenemos tantos amigos y familia en este momento tan difícil que les toca atravesar, rogando que Dios les indique el camino a seguir para superar tanto pesar, tanta tragedia. Nuestro pensamiento esta con ustedes hermanos.
martes, 9 de marzo de 2010
sábado, 5 de diciembre de 2009
Sobre Julio Romero de Torres: El alma de su gente…
Se convirtió en la personalidad más sobresaliente del arte y la cultura de principios del siglo XX en España. Julio Romero de Torres, influenciado por el simbolismo francés y las tendencias clasicistas del arte ingles, cuando apenas comenzaba a emerger el modernismo, llevo a la máxima perfección su trabajo a costa de una entrega total al arte. Pues pintaba casi todo el día, sin limites de horarios ni mucho menos. Como retratista solamente llego a pintar más de 500 obras de diferentes personalidades del mundo de la cultura y la sociedad, de su tiempo. Dejo sus huellas de la idiosincrasia andaluza, es decir sus costumbres, sus modos de creer y de pensar, la vastedad del espíritu de su tierra, ese mensaje claro esta, termino por convencer de su genialidad no solo a los círculos intelectuales y de la cultura sino que logro el reconocimiento de su pueblo que lo llevarían a la fama universal que por cierto superara las fronteras y los tiempos al punto de que su figura representa mucho mas que la de un pintor extraordinario, sino que es precisamente el alma de su gente, sin la cual es imposible comprender su obra.
Julio Romero de Torres nació en Córdoba (España) en 1874, recibió sus primeras clases sobre arte y pintura de su padre Don Rafael Romero Barros, pintor y fundador del Museo Provincial de dicha ciudad, además fue el creador del Museo Arqueológico, y Director de la Academia de Bellas Artes.
Romero de Torres pasara por el impresionismo, por el realismo social y finalmente por el academicismo folklorista. Su inquietud por aprender y experimentar lo hacen poseedor de un estilo tan personal como provocador. Pero su superación como artista lógicamente se debe al contexto que hacia de Córdoba, un capitulo aparte en la vida cultural de toda España. Formara parte de la Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes y del Ateneo Córdoba. Se rodeo de grandes escritores y artistas de su ciudad y mas tarde en sus idas y venidas de Madrid participara del reconocido Ateneo Madrid, donde conoce a personalidades como Ortega y Gasset, Pérez de Ayala, Miguel de Unamuno, o el celebre escritor Pió Baroja y los hermanos Manuel y Antonio Machado y el novelista Blasco Ibáñez. Su pasión por el teatro lo introduce en el mundo del espectáculo; y poco a poco logra la admiración de la llamada Generación del 98, todos los que acudían al café Nuevo Levante en esa Madrid casi mitológica, allí se daban cita, nada mas y nada menos que Ramón del Valle Inclán, Rafael de Penagos, Ignacio Zuloaga, Moya del Pino, Anselmo Miguel Nieto, Ángel Vivanco, José Gutiérrez Solana, Luís Alemán, Leandro Oroz, todos estos entre otros afamados artistas y escritores que vale la pena leer y estudiar para dilucidar de lo que estamos hablando.
Es 1914 cuando estalla la primera guerra mundial que Julio Romero de Torres encabezara con un manifiesto apoyado por la gran mayoría de los intelectuales de España, en defensa de los valores espirituales.
Es 1922 cuando llegara a la Argentina, para presentar una de las muestras más memorables, en la galería Witcomb, que fuera visitada por miles de personas. La profesora de la Universidad Nacional de Arte (Buenos Aires) Diana Wechsler explicó recientemente el significado de las obras del gran artista español en nuestro país. Para Wechsler que es investigadora de la historia del arte, poseer un Romero de Torres a principios del siglo XX en el Río de La Plata era un signo de distinción para el propietario. Adquirir un Romero de Torres era una operación de distinción social y su propietario no sólo compraba una obra de arte, sino que con ella se diferenciaba como alguien perteneciente a una élite cultural. En Argentina hay identificados unos 40 Romero de Torres, pero ya en 1910 existían en Buenos Aires 3 obras del genio español. La adquisición de pintura española por parte de argentinos fue una manera de construir una nueva identidad nacional.
Para el Profesor e investigador de la Universidad Autónoma de Madrid, Carlos Reyero, Romero de Torres es parte del simbolismo a escala mundial, el simbolismo es el hilo conductor de toda su obra a través de todos sus conceptos míticos como son la belleza, el dandismo, la decadencia, el artificio, el sexo y la mujer. No es un genio aislado, sino que aplica en su obra los prototipos europeos. No era un localista que pintaba su ciudad o a las mujeres de su tierra porque no tenía otra fuente de inspiración, sino un "pintor erudito" que enlazó perfectamente con el movimiento simbolista internacional.
Tras su muerte en 1930 su viuda donara gran parte de su obra al Estado español que será ubicado en el antiguo edificio del Hospital de La Caridad que data del siglo XV y que fuera patrocinado por los reyes católicos. Tras la apropiación de la Diputación Provincial y siendo sometido a importantes reformas, el Museo Julio Romero de Torres quedara inaugurado un 23 de noviembre de 1931 por el entonces Presidente de La II Republica Española, Alcalá Zamora. Su figura también forma parte de los personajes mas celebres del mundo que se encuentran en el Museo de Cera de Madrid junto a Salvador Dalí y Francisco de Goya y Lucientes.
Fueron solo 56 años que vivió, pero le alcanzaron para que nadie pudiera olvidar a ese hombre vestido siempre elegantemente con capa y sombrero negro, errático y frío al parecer pero detrás de la apariencia se escondía alguien tan sensible que hacia un culto de la amistad y precisamente al morir algunos de sus amigos, sentía que estaba muriéndose también, y le resultaba muy difícil recuperarse de esos duros golpes. En el día de su muerte, se cerraron comercios, y cantinas, oficinas publicas y privadas, las calles quedaron vacías, y el tiempo se detuvo. A su féretro como él había querido lo cargaron en hombros los obreros, la gente humilde de las zonas aledañas de la ciudad, y un mundo de gente de todo Córdoba se hizo cita para darle el último adiós a su entrañable amigo y no menos reverenciado artista.
Julio Romero de Torres nació en Córdoba (España) en 1874, recibió sus primeras clases sobre arte y pintura de su padre Don Rafael Romero Barros, pintor y fundador del Museo Provincial de dicha ciudad, además fue el creador del Museo Arqueológico, y Director de la Academia de Bellas Artes.
Romero de Torres pasara por el impresionismo, por el realismo social y finalmente por el academicismo folklorista. Su inquietud por aprender y experimentar lo hacen poseedor de un estilo tan personal como provocador. Pero su superación como artista lógicamente se debe al contexto que hacia de Córdoba, un capitulo aparte en la vida cultural de toda España. Formara parte de la Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes y del Ateneo Córdoba. Se rodeo de grandes escritores y artistas de su ciudad y mas tarde en sus idas y venidas de Madrid participara del reconocido Ateneo Madrid, donde conoce a personalidades como Ortega y Gasset, Pérez de Ayala, Miguel de Unamuno, o el celebre escritor Pió Baroja y los hermanos Manuel y Antonio Machado y el novelista Blasco Ibáñez. Su pasión por el teatro lo introduce en el mundo del espectáculo; y poco a poco logra la admiración de la llamada Generación del 98, todos los que acudían al café Nuevo Levante en esa Madrid casi mitológica, allí se daban cita, nada mas y nada menos que Ramón del Valle Inclán, Rafael de Penagos, Ignacio Zuloaga, Moya del Pino, Anselmo Miguel Nieto, Ángel Vivanco, José Gutiérrez Solana, Luís Alemán, Leandro Oroz, todos estos entre otros afamados artistas y escritores que vale la pena leer y estudiar para dilucidar de lo que estamos hablando.
Es 1914 cuando estalla la primera guerra mundial que Julio Romero de Torres encabezara con un manifiesto apoyado por la gran mayoría de los intelectuales de España, en defensa de los valores espirituales.
Es 1922 cuando llegara a la Argentina, para presentar una de las muestras más memorables, en la galería Witcomb, que fuera visitada por miles de personas. La profesora de la Universidad Nacional de Arte (Buenos Aires) Diana Wechsler explicó recientemente el significado de las obras del gran artista español en nuestro país. Para Wechsler que es investigadora de la historia del arte, poseer un Romero de Torres a principios del siglo XX en el Río de La Plata era un signo de distinción para el propietario. Adquirir un Romero de Torres era una operación de distinción social y su propietario no sólo compraba una obra de arte, sino que con ella se diferenciaba como alguien perteneciente a una élite cultural. En Argentina hay identificados unos 40 Romero de Torres, pero ya en 1910 existían en Buenos Aires 3 obras del genio español. La adquisición de pintura española por parte de argentinos fue una manera de construir una nueva identidad nacional.
Para el Profesor e investigador de la Universidad Autónoma de Madrid, Carlos Reyero, Romero de Torres es parte del simbolismo a escala mundial, el simbolismo es el hilo conductor de toda su obra a través de todos sus conceptos míticos como son la belleza, el dandismo, la decadencia, el artificio, el sexo y la mujer. No es un genio aislado, sino que aplica en su obra los prototipos europeos. No era un localista que pintaba su ciudad o a las mujeres de su tierra porque no tenía otra fuente de inspiración, sino un "pintor erudito" que enlazó perfectamente con el movimiento simbolista internacional.
Tras su muerte en 1930 su viuda donara gran parte de su obra al Estado español que será ubicado en el antiguo edificio del Hospital de La Caridad que data del siglo XV y que fuera patrocinado por los reyes católicos. Tras la apropiación de la Diputación Provincial y siendo sometido a importantes reformas, el Museo Julio Romero de Torres quedara inaugurado un 23 de noviembre de 1931 por el entonces Presidente de La II Republica Española, Alcalá Zamora. Su figura también forma parte de los personajes mas celebres del mundo que se encuentran en el Museo de Cera de Madrid junto a Salvador Dalí y Francisco de Goya y Lucientes.
Fueron solo 56 años que vivió, pero le alcanzaron para que nadie pudiera olvidar a ese hombre vestido siempre elegantemente con capa y sombrero negro, errático y frío al parecer pero detrás de la apariencia se escondía alguien tan sensible que hacia un culto de la amistad y precisamente al morir algunos de sus amigos, sentía que estaba muriéndose también, y le resultaba muy difícil recuperarse de esos duros golpes. En el día de su muerte, se cerraron comercios, y cantinas, oficinas publicas y privadas, las calles quedaron vacías, y el tiempo se detuvo. A su féretro como él había querido lo cargaron en hombros los obreros, la gente humilde de las zonas aledañas de la ciudad, y un mundo de gente de todo Córdoba se hizo cita para darle el último adiós a su entrañable amigo y no menos reverenciado artista.
Sobre Tarsila Do Amaral. La piel del Amazonas…
Creció en contacto con la naturaleza, apenas si cuando despertaba al mundo siendo muy niña fue para apreciar la belleza de los paisajes rurales, la soledad del campo, y su Nana que era su sombra, que no la perdía de vista ni un instante, esto lo llevaría por siempre y con el pasar del tiempo volvería a ese lugar del pasado al momento de plasmar sus obras que pueden despertarnos todas las emociones aunque lo primero es un derroche de alegría, de vida. Ella logro guiarse por la intuición hasta crear la intensidad del color con un lenguaje poderoso de nuestra esencia latinoamericana
Tarsila Do Amaral una de las mas grandes artistas brasileras nació en 1886 en La Hacienda San Bernardo, una de las tantas casonas de campo que poseía la familia en el municipio de Capivari. Completo sus estudios tanto en Sao Paulo como en Barcelona donde ya comienza a esbozar sus primeros trabajos artísticos. Se casara ignotamente y de su primer matrimonio nacerá su unica hija, Dulce. Hacia 1916 comienza a estudiar arte en Sau Paulo para continuarlos en Francia, Paris en la reconocida academia Julián. Allí frecuentara los talleres de los pintores cubistas Andre Lhote, Albert Gleizes y Fernand Léger. Por este tiempo 1920 comenzara a desarrollar una serie de paisajes oníricos influenciada por el tan increíble surrealismo francés. Tras unos pocos años en 1926 expondrá en Paris con gran éxito, presentando -La Negra- obra que seria una de las mas reconocidas de toda su carrera; Fernand Léger se sentirá tan impresionado por la misma que al frente de todos sus alumnos dirá que se trata de un trabajo excepcional. Dicha obra pintada íntegramente en Paris mientras todavía continua siendo su alumna hizo todo un revuelo en sus contemporáneos; sin embargo para la artista esa pintura significaba mucho mas que las raíces afro de su país, a mas allá de los elementos geométricos del fondo de la misma, tenia que ver con todo su pasado, con esas mujeres – esclavas, negras que asumían el rol de abuela o madre o consejera para con los hijos de la familia a la cual pertenecían algo por cierto muy común en Brasil hasta muy entrado el siglo XX y a mas allá de ser obedientes y pacientes asumían un papel poco común, a mas de su herencia de sufrimientos podían ser también una suerte de protectoras, que en la vida de los niños termino siendo una influencia positiva, la honestidad solo se enseña con el ejemplo. Algo que nosotros no podemos comprender todavía.
En una de sus cartas desde Francia enviada un tiempo antes a su familia se vislumbra la lucidez de su pensamiento, allí Tarsila había escrito -Me siento incluso más brasileña. Voy a ser una pintora de mi país. ¡Qué agradecida estoy por haber pasado toda mi infancia en la granja! Los recuerdos de esos tiempos han llegado a ser muy queridos para mí. Quiero, en arte, ser la niñita de campo de Sao Bernardo, que juega con muñecas de paja, como en el último cuadro en que estoy trabajando... no penséis que esta tendencia se considera aquí negativamente. Por el contrario. Lo que aquí quieren es que cada uno traiga la contribución de su propio país. Esto explica el éxito de los ballet rusos, las artes gráficas japonesas y la música negra. París ya ha tenido demasiado arte parisiense"-
En 1922 Tarsila regresara a Brasil e integrara el grupo de los cinco, (Malfatti, Oswald de Andrade, Mario de Andrade, Menotti del Picchia) escritores, y poetas y artistas plásticos que buscaban dejar atrás el academicismo y transformar los espacios comunicativos de la cultura brasilera. Intentando que la vanguardia de avanzada en Brasil tuviera una constante vía de intercambio con el vanguardismo de Paris. Es aquí cuando conoce al escritor Oswald de Andrade que se convertirá en su esposo, y con el que en pocos años desarrollara una infatigable labor artística - cultural.
Su etapa conocida como Antropofagica, nace cuando le regala una obra precisamente a O. de Andrade, -Abaporu- que en el dialecto de los aborígenes Tupí - Guaraní significa Aba- hombre. Poru-comer. Nacerá entonces el Movimiento Antropofágico, cuyo principio central era que los artistas brasileños debían devorar influencias extranjeras, digerirlas cuidadosamente y convertirlas en algo nuevo.
En 1929 expone individualmente por primera vez en Brasil y su pintura comienza a evolucionar hacia un realismo social.
Se separa de Oswald en 1930. Y aunque su vida personal atravesaba difíciles momentos no así su vida como artista, participara de Salones de Pintura, y de nuevas exposiciones con gran éxito. Conoce al escritor Luís Martins con él aprenderá a compartir las formas y los modos en los cuales muere y renace la palabra y entonces se dedicara a difundir arte y cultura en diferentes medios gráficos.
Ya en los años 50 retorna con un tema que había sido una constante en toda su carrera, “Pobre Brasil”, allí estaban bajo su particular mirada, los costumbrismos, las favelas, las calles de Sao Paulo, en 1951 es invitada a participar de la primera Bienal de Sao Paulo, que se convertirá con el tiempo en uno de los eventos artísticos mas prestigiosos. En 1963 en el mismo evento pero en su edición número VII le dedica una sala especial. Tanta es la Fama de Tarsila que en el siguiente año representara a Brasil en la XXXII Bienal de Venecia el evento artístico más importante del mundo.
Su trabajo como artista continúo hasta sus últimos días, intentando traducir la vorágine de información del mundo en imágenes que reprodujeran la vastedad de su cultura, no pretendía detallar absolutamente nada en su arte, quería que existiera solo la sensación del color como punto de escape, de salida, que el espectador se atreviera a descubrir el poderoso mensaje de su tierra, falleció en enero de 1973 y hasta ese instante digamos que toda su creatividad estuvo arraigada a los colores brasileros, esos verde – agua, como de estelas indelebles, esos amarillos profundos, esos rojos en sangre y tormento, esa loca alegría de dar todo lo que se tiene, a pesar de tanto sufrimiento que Latinoamérica a resistido, ella no dejo de arrojar sus mejores cartas al aire, de ofrendarle el corazón al destino, esta mujer llevaba la piel del Amazonas por dentro, que concluyo por inundar con su nombre los mejores pasajes del arte latinoamericano del siglo XX.
Tarsila Do Amaral una de las mas grandes artistas brasileras nació en 1886 en La Hacienda San Bernardo, una de las tantas casonas de campo que poseía la familia en el municipio de Capivari. Completo sus estudios tanto en Sao Paulo como en Barcelona donde ya comienza a esbozar sus primeros trabajos artísticos. Se casara ignotamente y de su primer matrimonio nacerá su unica hija, Dulce. Hacia 1916 comienza a estudiar arte en Sau Paulo para continuarlos en Francia, Paris en la reconocida academia Julián. Allí frecuentara los talleres de los pintores cubistas Andre Lhote, Albert Gleizes y Fernand Léger. Por este tiempo 1920 comenzara a desarrollar una serie de paisajes oníricos influenciada por el tan increíble surrealismo francés. Tras unos pocos años en 1926 expondrá en Paris con gran éxito, presentando -La Negra- obra que seria una de las mas reconocidas de toda su carrera; Fernand Léger se sentirá tan impresionado por la misma que al frente de todos sus alumnos dirá que se trata de un trabajo excepcional. Dicha obra pintada íntegramente en Paris mientras todavía continua siendo su alumna hizo todo un revuelo en sus contemporáneos; sin embargo para la artista esa pintura significaba mucho mas que las raíces afro de su país, a mas allá de los elementos geométricos del fondo de la misma, tenia que ver con todo su pasado, con esas mujeres – esclavas, negras que asumían el rol de abuela o madre o consejera para con los hijos de la familia a la cual pertenecían algo por cierto muy común en Brasil hasta muy entrado el siglo XX y a mas allá de ser obedientes y pacientes asumían un papel poco común, a mas de su herencia de sufrimientos podían ser también una suerte de protectoras, que en la vida de los niños termino siendo una influencia positiva, la honestidad solo se enseña con el ejemplo. Algo que nosotros no podemos comprender todavía.
En una de sus cartas desde Francia enviada un tiempo antes a su familia se vislumbra la lucidez de su pensamiento, allí Tarsila había escrito -Me siento incluso más brasileña. Voy a ser una pintora de mi país. ¡Qué agradecida estoy por haber pasado toda mi infancia en la granja! Los recuerdos de esos tiempos han llegado a ser muy queridos para mí. Quiero, en arte, ser la niñita de campo de Sao Bernardo, que juega con muñecas de paja, como en el último cuadro en que estoy trabajando... no penséis que esta tendencia se considera aquí negativamente. Por el contrario. Lo que aquí quieren es que cada uno traiga la contribución de su propio país. Esto explica el éxito de los ballet rusos, las artes gráficas japonesas y la música negra. París ya ha tenido demasiado arte parisiense"-
En 1922 Tarsila regresara a Brasil e integrara el grupo de los cinco, (Malfatti, Oswald de Andrade, Mario de Andrade, Menotti del Picchia) escritores, y poetas y artistas plásticos que buscaban dejar atrás el academicismo y transformar los espacios comunicativos de la cultura brasilera. Intentando que la vanguardia de avanzada en Brasil tuviera una constante vía de intercambio con el vanguardismo de Paris. Es aquí cuando conoce al escritor Oswald de Andrade que se convertirá en su esposo, y con el que en pocos años desarrollara una infatigable labor artística - cultural.
Su etapa conocida como Antropofagica, nace cuando le regala una obra precisamente a O. de Andrade, -Abaporu- que en el dialecto de los aborígenes Tupí - Guaraní significa Aba- hombre. Poru-comer. Nacerá entonces el Movimiento Antropofágico, cuyo principio central era que los artistas brasileños debían devorar influencias extranjeras, digerirlas cuidadosamente y convertirlas en algo nuevo.
En 1929 expone individualmente por primera vez en Brasil y su pintura comienza a evolucionar hacia un realismo social.
Se separa de Oswald en 1930. Y aunque su vida personal atravesaba difíciles momentos no así su vida como artista, participara de Salones de Pintura, y de nuevas exposiciones con gran éxito. Conoce al escritor Luís Martins con él aprenderá a compartir las formas y los modos en los cuales muere y renace la palabra y entonces se dedicara a difundir arte y cultura en diferentes medios gráficos.
Ya en los años 50 retorna con un tema que había sido una constante en toda su carrera, “Pobre Brasil”, allí estaban bajo su particular mirada, los costumbrismos, las favelas, las calles de Sao Paulo, en 1951 es invitada a participar de la primera Bienal de Sao Paulo, que se convertirá con el tiempo en uno de los eventos artísticos mas prestigiosos. En 1963 en el mismo evento pero en su edición número VII le dedica una sala especial. Tanta es la Fama de Tarsila que en el siguiente año representara a Brasil en la XXXII Bienal de Venecia el evento artístico más importante del mundo.
Su trabajo como artista continúo hasta sus últimos días, intentando traducir la vorágine de información del mundo en imágenes que reprodujeran la vastedad de su cultura, no pretendía detallar absolutamente nada en su arte, quería que existiera solo la sensación del color como punto de escape, de salida, que el espectador se atreviera a descubrir el poderoso mensaje de su tierra, falleció en enero de 1973 y hasta ese instante digamos que toda su creatividad estuvo arraigada a los colores brasileros, esos verde – agua, como de estelas indelebles, esos amarillos profundos, esos rojos en sangre y tormento, esa loca alegría de dar todo lo que se tiene, a pesar de tanto sufrimiento que Latinoamérica a resistido, ella no dejo de arrojar sus mejores cartas al aire, de ofrendarle el corazón al destino, esta mujer llevaba la piel del Amazonas por dentro, que concluyo por inundar con su nombre los mejores pasajes del arte latinoamericano del siglo XX.
sábado, 22 de agosto de 2009
Sobre Esteban Murillo. Un Acercamiento a Dios…
Al morir no tenía casi nada a más del mobiliario, un poco de ropa, 33 libros y unas cuarenta obras no tan fáciles de identificar. Dejo esos escasos bienes a sus hijos, Gabriel que estaba en una expedición aquí, en La Indias (América del Sur) y a Gaspar Esteban.
Vivió solo para el trabajo aunque en 1633 hizo los preparativos para partir hacia Las Indias, algunos críticos aseguran que si lo hizo, otros que nunca se decidió y estuvo siempre dentro de España.
Pero ¿quien es Murillo? que hizo para que sea considerado uno de los mas grandes genios de la pintura, quizá sus obras para el Hospital de La Caridad sean algo mas que obras maestras, las escenas que refieren al nuevo testamento se desarrollan casi naturalmente como si efectivamente el artista las hubiese presenciado. Tenía un sentido de la percepción único y estaba dotado de un conocimiento y manejo poco usuales del color para este tiempo. Desde los semblantes, hasta la turgencia y la caída de las túnicas, pasando por la perfección de las manos, y los colores que los trabajaba de tal forma que aun con el pasar de los años no perderán jamás su luminosidad. Pastores, ángeles, vírgenes, niños, santos, realizados en alguna escena gloriosa y también en sus lechos de muerte. Jesucristo dándole vida a sus sermones, sus milagros, su crucifixión. Sus obras son admiradas en los más esplendorosos museos del mundo desde Leningrado hasta Londres, desde Puerto Rico a Munich, desde Madrid a Washington.
Esteban Murillo nació en Sevilla (España) en 1617 fue el ultimo de los 14 hijos del matrimonio Gaspar Murillo y Maria Pérez.
Su padre fue de profesión barbero y desde siempre se decía que por sus venas corría sangre de noble, aunque eso jamás pudo comprobarse. Hacia 1630 entro a estudiar pintura con dos reconocidos maestros de la época Juan Del Castillo y Alonso Cano. Ya hacia 1638 Murillo se dedica por entero al arte trabajando en la temática sacra que lo llevara a la fama. En 1645 ya casado continuara con sus monumentales obras en diferentes templos y abadías y por casi toda una vida alquilara casas-taller siempre en Sevilla y a la vez lograra convertirse en uno de los pintores preferidos del Clero. En 1660 y después de una estadía en Madrid, fundara una Academia de Dibujo en La Casa Lonja en Sevilla gracias a sus mecenas el Conde de Arenales y el Márquez de VillaManrique. Junto a Francisco de Herrera será el director del lugar, su gestión le dará sus frutos a la academia y también como maestro solo cuatro años le bastaran para dejar excelentes discípulos. En 1663 es un año negro para Murillo, fallece su esposa repentinamente y no puede continuar pintando y es seducido para abandonar España nuevamente. En 1665 retomara la pintura en diferentes monasterios, en especial el de los capuchinos. Hacia 1673 Murillo es un artista internacional así como todo había sucedido súbitamente en su vida, compraran sus obras desde Ámsterdam pero ya se acercaba hacia el final de su vida en 1682 mientras pintaba el retablo mayor en el templo de los capuchinos se olvidara que estaba subido a un andamio del cual se desplomara, esta caída lo llevara a la muerte y también significara un extendido tiempo para que otro gran artista aparezca en la escena.
Murillo es por cierto un artista del clasicismo y uno de los pocos genios del arte que pintara a uno de los santos que hizo estadía por escaso tiempo en La Rioja nos referimos a San Francisco Solano y el Toro nombre de la obra que refiere a un milagro del mismo del cual solo existen dos imágenes, realizadas por el artista una que se encuentra en el Claustro Chico de Los Franciscanos de Sevilla y un dibujo preparatorio de la misma escena que se conserva en el Museo de Boston, Massachussets en el noroeste de EE.UU.
Se dice que Murillo fue un hombre profundamente religioso, y aunque hoy sus pinturas son verdaderos tesoros invaluables, el recibía lo que creía justo por su trabajo, nunca ambiciono riquezas, ni hizo ostentación alguna; le complacía traer al mundo la belleza de la divinidad que él podía vislumbrar, y sus biógrafos aseguran que pintaba con soltura, como en un reflejo lo que veía en su corazón como si alguien lo poseyera hasta el punto exánime de la enajenación. Nada lo alejo jamás de su camino y aunque sufrió la muerte de varios de sus hijos y de su mujer, sentía que la afrenta del destino y el dolor del alma y de la carne por la ausencia solo podía disiparlas en sus instantes de inspiración, el arte para él significaba mucho mas que una entrega total, era un acercamiento a Dios para pedir por el alma de los suyos, una concepción inimaginable y difícil de entender en estos tiempos donde la fe no es otra cosa que esperar se cumplan nuestros caprichos.
Vivió solo para el trabajo aunque en 1633 hizo los preparativos para partir hacia Las Indias, algunos críticos aseguran que si lo hizo, otros que nunca se decidió y estuvo siempre dentro de España.
Pero ¿quien es Murillo? que hizo para que sea considerado uno de los mas grandes genios de la pintura, quizá sus obras para el Hospital de La Caridad sean algo mas que obras maestras, las escenas que refieren al nuevo testamento se desarrollan casi naturalmente como si efectivamente el artista las hubiese presenciado. Tenía un sentido de la percepción único y estaba dotado de un conocimiento y manejo poco usuales del color para este tiempo. Desde los semblantes, hasta la turgencia y la caída de las túnicas, pasando por la perfección de las manos, y los colores que los trabajaba de tal forma que aun con el pasar de los años no perderán jamás su luminosidad. Pastores, ángeles, vírgenes, niños, santos, realizados en alguna escena gloriosa y también en sus lechos de muerte. Jesucristo dándole vida a sus sermones, sus milagros, su crucifixión. Sus obras son admiradas en los más esplendorosos museos del mundo desde Leningrado hasta Londres, desde Puerto Rico a Munich, desde Madrid a Washington.
Esteban Murillo nació en Sevilla (España) en 1617 fue el ultimo de los 14 hijos del matrimonio Gaspar Murillo y Maria Pérez.
Su padre fue de profesión barbero y desde siempre se decía que por sus venas corría sangre de noble, aunque eso jamás pudo comprobarse. Hacia 1630 entro a estudiar pintura con dos reconocidos maestros de la época Juan Del Castillo y Alonso Cano. Ya hacia 1638 Murillo se dedica por entero al arte trabajando en la temática sacra que lo llevara a la fama. En 1645 ya casado continuara con sus monumentales obras en diferentes templos y abadías y por casi toda una vida alquilara casas-taller siempre en Sevilla y a la vez lograra convertirse en uno de los pintores preferidos del Clero. En 1660 y después de una estadía en Madrid, fundara una Academia de Dibujo en La Casa Lonja en Sevilla gracias a sus mecenas el Conde de Arenales y el Márquez de VillaManrique. Junto a Francisco de Herrera será el director del lugar, su gestión le dará sus frutos a la academia y también como maestro solo cuatro años le bastaran para dejar excelentes discípulos. En 1663 es un año negro para Murillo, fallece su esposa repentinamente y no puede continuar pintando y es seducido para abandonar España nuevamente. En 1665 retomara la pintura en diferentes monasterios, en especial el de los capuchinos. Hacia 1673 Murillo es un artista internacional así como todo había sucedido súbitamente en su vida, compraran sus obras desde Ámsterdam pero ya se acercaba hacia el final de su vida en 1682 mientras pintaba el retablo mayor en el templo de los capuchinos se olvidara que estaba subido a un andamio del cual se desplomara, esta caída lo llevara a la muerte y también significara un extendido tiempo para que otro gran artista aparezca en la escena.
Murillo es por cierto un artista del clasicismo y uno de los pocos genios del arte que pintara a uno de los santos que hizo estadía por escaso tiempo en La Rioja nos referimos a San Francisco Solano y el Toro nombre de la obra que refiere a un milagro del mismo del cual solo existen dos imágenes, realizadas por el artista una que se encuentra en el Claustro Chico de Los Franciscanos de Sevilla y un dibujo preparatorio de la misma escena que se conserva en el Museo de Boston, Massachussets en el noroeste de EE.UU.
Se dice que Murillo fue un hombre profundamente religioso, y aunque hoy sus pinturas son verdaderos tesoros invaluables, el recibía lo que creía justo por su trabajo, nunca ambiciono riquezas, ni hizo ostentación alguna; le complacía traer al mundo la belleza de la divinidad que él podía vislumbrar, y sus biógrafos aseguran que pintaba con soltura, como en un reflejo lo que veía en su corazón como si alguien lo poseyera hasta el punto exánime de la enajenación. Nada lo alejo jamás de su camino y aunque sufrió la muerte de varios de sus hijos y de su mujer, sentía que la afrenta del destino y el dolor del alma y de la carne por la ausencia solo podía disiparlas en sus instantes de inspiración, el arte para él significaba mucho mas que una entrega total, era un acercamiento a Dios para pedir por el alma de los suyos, una concepción inimaginable y difícil de entender en estos tiempos donde la fe no es otra cosa que esperar se cumplan nuestros caprichos.
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